En las largas noches de invierno, cuando el frío deja descansar a la naturaleza y un manto de nieve cubre las montañas, entonces es el momento propicio para talar el pinar.
Los aceites esenciales contenidos en la madera de pino tienen propiedades antibacterianas y desde siempre han sido utilizados por la población alpina contra las polillas y el moho.
El aroma del pino no sólo huele especialmente agradable, sino que también favorece considerablemente el sueño y mejora la capacidad de recuperación física y mental.
Estudios científicos han demostrado que la presencia de madera de pino en el dormitorio (por ejemplo, en forma de un objeto tallado en la mesita de noche) reduce la frecuencia cardíaca hasta 1.500 latidos por noche, reduciendo así la frecuencia cardíaca.
Promueve un sueño equilibrado y reparador.
Pruébalo, siéntelo por ti mismo...